Las Nuñez

Cuando recibí el email de Ester, mi hermana pequeña, la sorpresa fue tal que tuve que sentarme a releerlo con detenimiento.

Nos escribíamos a menudo, claro, pero el tema “familiar” era más bien tabú entre nosotras, sobre todo desde que tomara la decisión, a mis 18 años, de irme a vivir a la ciudad para estudiar derecho, dejando tiradas a mamá y a la abuela, empeñadas en que continuara con el legado familiar.

Nunca entró en mis planes pasarme la vida con las manos manchadas de harina, entre hornos y papel de magdalenas por mucho que, a las mujeres de mi familia, les hubiera parecido tan maravillosa la idea de hacer a la primogénita heredera total del negocio.

Mi hermana Irina, sin embargo, siempre tuvo muy latente el gen repostero de las Núñez. Desde bien pequeña se colaba en la cocina y ojeaba a escondidas “el libro secreto de recetas” y por ello se ganó más de una reprimenda de la abuela.

“Esto algún día será de Rebeca” decían siempre, hecho por el cual la relación con mi hermana nunca había podido decirse que fuera buena. Al fin y al cabo algún día le arrebataría su sueño, yo, que pasé mi niñez rodeada de libros y viendo capítulos de la serie ley y orden sin importarme nada lo que pasara dentro de las cuatro paredes de esa enorme cocina.

Marchándome de allí le abría sus puertas de golpe poniéndole en bandeja todo aquello por lo que siempre había soñado, y así lo hice. Pero la cabezonería de mi abuela no conoce límites. Y pese a la ilusión y destreza que mostraba Irina por la repostería nunca la trató como digna heredera. Para ella siempre fue la segunda, una mera suplente.

Por lo visto la paciencia de Irina también tiene un límite. “Se lo ha llevado todo, Rebeca. Lleva días sin venir por casa, se ha llevado sus cosas y el libro de recetas. La abuela está que trina. He intentado ponerme en contacto con ella pero ni me coge el teléfono, ni contesta a los mensajes. Y ya no sé qué hacer…”


No me lo podía creer, desde luego, si Irina quería hacer pagar a la abuela todo el bulling sufrido no existe en el mundo mejor manera de hacerlo…

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