Cállate

¡Cállate!

Aunque hace tiempo que dejé de escucharte y ya solo veo sapos y culebras cayendo cada vez que abres la boca. Ni una sola palabra, nada que merezca la pena, solo mierda…

¡Cállate!

Porque estoy harta de escuchar tus lamentos y suenas a una niñata malcriada e insolente que lo único que quiere es frenarnos con su miedo.

¡Cállate!

Porque si lo que vas a decir no es productivo y solo resta, de verdad te lo puedes ahorrar, que tú habrás decidido llenar tus bolsillos de “antes” pero nosotros estamos sedientos de “ahora” y mañana… ¡mañana ya se verá!

Haznos un favor a todos y ¡cállate!


Que tu mayor pecado no es no querer crecer sino pretender cortar nuestras alas…

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