Invierno

La primera vez que me abrazaste fue como volver a sentir calor después de un frío invierno. Tus manos eran suaves, tus caricias lentas, tus palabras dulces y tiernas.

Me fue tan fácil dejarme llevar por tu corriente alterna: ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no…

Cuando era que sí todo era perfecto, bailábamos alrededor de la hoguera que encendían nuestros cuerpos juntos, pero cuando era que no se hacía el silencio y hacía frío, como de vuelta a aquel invierno.

Y tus manos se tornaban ásperas, tus palabras duras y tus abrazos de hielo.

Olvidaba respirar sin tu aliento y me asfixiaban tus cambios de humor: ahora no, ahora sí, ahora no, ahora sí…

Y de repente volvías y escuchar de nuevo tu risa llenaba mis pulmones de aire fresco, y de alegría pero el miedo no desaparecía. Hiciste de mi inseguridad el escudo donde iban a parar todos tus golpes y de mi cuerpo una marioneta, esperando el tirón de tu hilos para moverme.

Y dejé de identificar cuando era sí y cuando no, adicta a caminar siempre sobre tu cuerda floja.

Dejé de sentir el frío y también el calor. Y me volví un ser inerte, un satélite que gira y gira a tu alrededor pero que ya ni siente, ni padece…

Comentarios

  1. ¿Y ahora qué? ¿sigues sin sentir el frío o el calor? ¿Sigues como satélite suyo? ¿Lee esto esa persona?

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    1. Hola Holden, en el texto describo un situación de dependencia que vive mucha gente, obviamente no es mi caso ni tampoco hablo de nadie en particular.
      La mayoría de los textos que encuentres aquí son textos inventados.
      Un saludo.

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