Fuiste...

Fuiste presión en mis entrañas, mariposas en mi ombligo.

Fuiste el dolor que me recordaba que seguía estando viva pero que poco a poco iba arrancándome la vida…

Fuiste la chispa que provocó el fuego que me convirtió en cenizas, mi bendita arma de doble filo…

Fuiste el miedo con el que construí las cadenas que me ataban pero también la llave que me dió libertad.

Fuiste ese empujón en el acantilado que me demostró que podía volar.

Fuiste el dolor de rodillas que me hizo crecer, el estirón que me hizo grande…

Fuiste…

Y no volviste a ser más…

Comentarios

  1. Oohh, que bonito. ¡Me encantan estas historias tristes!

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    1. Esta más que triste es autodestructiva, pero a mi también me encantan, y se nota porque de vez en cuando escribo alguna... ajajja

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