Me perdí...

Me perdí en preocupaciones absurdas, buscando solución a problemas que no tenía.

Me vendé el cuerpo para que el viento no me dañara y me olvidé de respirar…

Me empapé de “tú no puedes”, de “esto no es para ti” y de “hagas lo que hagas no servirá para nada”.

Me convertí en mi peor enemiga y me dejé ganar…

Me disfracé de otras que creí ser yo y me vestí de prejuicios impuestos.

Quise vivir sueños ajenos y me olvidé de soñar…

Y fue entonces, cuando más perdida creí que estaba que empecé a soltar todo el lastre que no era mío.

Empecé a reconocerme al otro lado del espejo.

El sonido de mi risa me volvió a ser familiar.

Poco a poco me volvió ese brillo a la mirada.

Y me volví a encontrar…

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