Aprendiendo a decir "no"

Madurar es aprender a decir que no pero ¿cómo se acalla el correspondiente eco que viene detrás y te golpea en forma de reproche?

¿Cómo deshacerse de ese mal sabor de boca que te dejó en el paladar al apoyarse en tu lengua al pronunciarlo?

¿Quién nos enseña a lidiar con la mala conciencia que deja, a pesar de saber a ciencia cierta, que estamos obrando bien?

Porque en el fondo sabemos que, al haber pronunciado ese “no” de nada habrán servido cada uno de los “síes” que dimos antes; desaparecerán, se borrarán de la memoria y quedarán desterrados por el recuerdo, en tierra de nadie, totalmente infravalorados…

Así que dime, ¿cómo hacemos para reivindicar nuestro derecho al “no”? ¿Cómo hacemos para adelgazar esa palabra, quitarle hierro y que al caer no arrase con todo lo que una vez construimos?

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