No deseé arder

Yo nunca te llamé, no pedí que aparecieras.
No encendí este fuego que me quema al verte,
Ni deseé arder…

Pero no puedo evitar oler el humo,
Y sentir el crepitar de las llamas dentro de mí cuando te veo.
Tus movimientos me encandilan, me atontan
Como el cantar de las sirenas a los navegantes
Y es entonces cuando mi cuerpo solo quiere
Bailar sobre tus pies al son que tú me lleves.

Y después te vas y me dejas vacía,
Como el insomne que despierta en medio de una calle solitaria
Y se pregunta que hace ahí,
Como las lagunas de una cruel resaca…

Y te odio al igual que me odio a mí
Cuando al final caigo en tus redes
Y te conviertes en la gravedad de mi ombligo
Y las yemas de mis dedos no son nada si no tocan tu piel…

Y es que no es justo porque
Yo nunca te llamé, ni pedí que aparecieras,
No encendí este fuego que me quema al verte.
Ni deseé arder…


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