La envidia...

La envidia, ese maldito “que tiene ella que no tenga yo”, esa pala que hunde nuestra autoestima cada vez más profundo…

La envidia, es esa amiga que te convence de lo bien que te queda ese vestido sin ser cierto, es esa que critica tus virtudes y elogia tus defectos, esa que en vez de tenderte la mano, se ríe a tus espaldas cuando te caes…

La envidia, tan malo es sentirla como provocarla, es un cuchillo que da igual por dónde lo sostengas, siempre te corta…

La envidia, la eterna enemiga del amor propio y amante del ego, que no te engañen, a priori, pueden parecer la misma cosa y no lo son...

La envidia, es esa que te cambia a su antojo el color de los cristales de las gafas, “es que ella lo tiene todo siempre más fácil” te susurra. Enemiga del trabajo, de la constancia, del sacrificio. Esa droga que está de oferta en un pack indivisible junto al victimismo.

Yo no quiero pecar de soberbia, pero puestos a elegir pecado, prefiero pensar que lo mío es lo mejor sin que lo sea, a cobijarme bajo la losa de que todos son mejores que yo…

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