¿Cobarde?

Le gustaba ponerse música mientras se dedicaba a los quehaceres de la casa, pensaba que la música curaba las heridas del alma y ella tenía mucho que curar. Esa mañana había optado por ponerse la radio y así enterase de qué pasaba más allá de su ventana. No veía nunca la tele. Si paraba un rato optaba por la lectura, disfrutaba viviendo vidas que no eran la suya, “los libros te dan alas” repetía siempre.

Rozaban las dos del mediodía, de un soleado lunes del mes de abril. Pasaba la balleta por la encimera de la cocina al ritmo de “Paint in black” de los Rollings y sin darse cuenta empezó a contonear su cuerpo. Puso una sartén a fuego lento con un poco de aceite y se disponía a trocear los calabacines, los pimientos y la cebolla, cuando la emisora comenzó con las noticias.

<< Último caso de violencia de género, una mujer es apuñalada reiteradas veces por su pareja en una pequeña localidad de Valencia. Y ya van 12 en lo que llevamos de año... >>

 No se dio cuenta de que se había quedado parada hasta que escuchó el cuchillo golpeando contra el suelo. Se agachó a recogerlo con urgencia, lo enjuagó bajo el grifo y lo secó con un trapo con cuidado de no cortarse. Mientras, las palabras del locutor iban haciendo mella en su interior. “Ya van 12 este año”. 12 se repetía.

Su cuerpo conectó el modo automático y siguió con su tarea de forma mecánica: corta, adereza, sofríe… pero su mente imaginó a aquella pobre chica. “Tenía dos niños pequeños”,  seguían diciendo en la radio, gracias a dios que ella no había tenido hijos, se dijo para sus adentros. Y se apretó el vientre con su mano izquierda, al recordar que hubo un día en el que estuvo embarazada. Aborto espontáneo pusieron los médicos en el informe, obviando los moratones de su cuerpo. “Su marido era una persona muy influyente y no podían hacer nada…” le insinuaron.

<<…la víctima había denunciado varias veces, pero el desgraciado se saltó la orden de alejamiento para acabar con su vida…>>

Denunciar. ¿Y quien la haría caso a ella? Sonrió irónicamente ¿de qué le había servido a aquella pobre mujer tanta denuncia? Por lo menos ahora era libre y la envidió por un momento. Solo habían sido un par de veces, se consoló. ¿Un par? ¿A quién demonios quería engañar?


Escuchó el ruido de la cerradura en la puerta y apagó la radio con premura. Se quedó quieta, escuchando los pasos que se aproximaban a la cocina, con la vista fija en la puerta. Sujetaba su mandil con fuerza mientras se abrazaba inconscientemente, cuando apareció su esposo. Su mirada era limpia y serena. Sin apartar la vista de ella lanzó las llaves sobre la mesa, se quitó la americana y la colocó en el respaldo de la silla. Al pasar a su lado la besó en la sien, ella aspiró su olor, no había  alcohol. “¿Qué te pasa? Parece que hubieras visto un fantasma” dijo él mientras se asomaba a la sartén. Ella sonrió sin ganas. “¿Le queda mucho a eso? me muero de hambre”. Miró de soslayo a la radio como si ésta le estuviera reprochando algo. “No, ya está” Contestó casi en un susurro y se dispuso a rellenar los platos, con la cabeza gacha intentando ignorar ese sentimiento de culpa que se había acunado bajo su pecho. “Cobarde” le reprochó su conciencia y supo que tenía razón…

(Móntame una escena Nº24 del taller literario Literautas)

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