Maribel

Antes de descolgar el teléfono ya sabía quién se encontraba al otro lado de la línea. Mamá acababa de mandar un whatsapp al grupo familiar invitándonos a comer ese mismo día y eso solo podía significar una cosa. Solo era cuestión de tiempo que empezara a haber reacciones.

- Ya has leído el whatsapp, ¿no?- Contesté sin preguntar quién era, a pesar de que el teléfono de mi oficina no tuviera identificador de llamadas.
- Nos la va a presentar, ¿verdad?- Preguntó mi hermano Rafa sin querer asumir realmente la respuesta.
- Seguramente…
- Buff, no quiero, tía, en serio. Yo la respeto, pero no quiero conocerla.- Lloriqueó.
- Pues no te queda otra…

Y nos quedamos en silencio.

Sabíamos que había conocido a una mujer en un taller, y que habían comenzado una amistad. Yo empecé a sospechar que había algo más el día que colgó el cuadro en el salón, en él aparecía el rostro de dos mujeres con un sombrero sin ala y boas de plumas, muy de los años 40. Ambas se tocaban las mejillas, rostro contra rostro. “¿No te parece un cuadro de una sensibilidad exquisita?” me preguntó, como no supe que responder, me limité a observarla. “Se percibe perfectamente la complicidad que existe entre ellas, esa intimidad, ¿no crees?” al apartar la vista del cuadro y mirarme la sonreí, ella se sonrojó y bajó la vista al suelo.

Rafa ya se había independizado y aunque vivía más ajeno a las cosas que pasaban en casa, yo le mantenía informado de las andanzas de mamá.
  • ¿Y no podía haber seguido como antes?- insistió mi hermano.
  • ¿Cómo? ¿sola? Tío, no seas egoísta, qué más da, si ella es feliz.
  • Ya tía, pero yo era más feliz sin tener detalles sobre su vida sexual…
  • Si, bueno, supongo que ella pensará lo mismo de nosotros… Además, no se trata de tu felicidad, ¡capullo!

Ambos nos reímos.
  • Es que a quien se le cuente… salir del armario a los 50…- Dijo algo más relajado.
  • De la jaula.- le corregí.
  • ¿Como?
  • Que ella dice que no ha salido del armario, que de donde ha salido es de una jaula. Que es como si hubiera sido un pajarillo enjaulado toda su vida y de repente pudiera volar en libertad.
  • ¿Ves? La culpa es tuya por haberla apuntado a ese taller de poesía.- Me reprochó medio en broma, medio en serio.
  • ¿Y qué iba a hacer? Desde que murió papá no levantaba cabeza, no salía ni a por el pan. Y ya la has visto últimamente: cine, teatro, restaurantes, está planeando hasta irse de vacaciones…
  • Cuando se entere el abuelo la deshereda.
  • ¡Que le den al abuelo!
Y nos reímos de nuevo.
  • La hace feliz.- Dije en tono suplicante cuando cesaron las carcajadas.
  • Ya. – Y sonó algo más conciliador- y ¿cómo dices que se llama?
  • Maribel.
  • Maribel…-Repitió como queriéndose familiarizar con el nombre- Bueno, nos vemos en la comida.
Y colgó sin esperar a que yo me despidiera…


(Móntame una escena: Nº22 del Taller Literario Literautas)

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