Mírame...

Mírame, pero no de la manera que lo haces siempre, por encima del hombro, creyéndote mejor que yo. Bájate, por una vez, de tus tacones, y mírame bien. Olvida mi ropa, el color de mi pelo, las curvas que hay y no debería de haber en mi cuerpo, ve más allá. Te invito a que veas a la persona que tienes delante, no al puesto que desempeño, o al escalón que ocupo en la sociedad. A la persona.

Mírame con la curiosidad de un niño cuando abre un libro por primera vez, y escúchame como si de verdad creyeras que voy a decirte algo interesante. Si, ya sé que eso es complicado, qué puedo decir yo que a ti vaya a importarte, ¿verdad? Si ya lo sabes todo y lo que no sabes, directamente no te interesa. Si supieras la de cosas maravillosas que te estás perdiendo…

Mírame y deja de juzgarme por “de dónde vengo”, que es más divertido saber “dónde voy” y “cómo tengo pensado llegar”, no critiques mi camino ni las piedras que me hicieron tropezar, yo prefiero que lo mires como lecciones que me ha dado la vida, lecciones sin diploma, que tal vez no me valgan para ejercer de nada pero me han valido y me valen para ser mi todo y sabes ¿por qué? Porque eso jamás me lo podrá quitar ni un banco ni nadie.


Mírame pero cambia esa cara, y deja de mirarme con esa falsa lástima, que ni a ti te pega ni yo necesito, porque la pena no me paga las facturas y tú tampoco, las paga el trabajo que desempeño y que te quede clarito algo, que tú solo me pagues por hacer una cosa, no quiere decir que sea lo único que yo sé hacer. Y que tal vez tú me estés cerrando una puerta, pero ni eres el único edificio de la tierra ni la dueña de la puerta.

Comentarios

  1. Me ha encantado Bego!!! un besote enorme y feliz año!! y sí, a ver si este 2015 podemos vernos para ese café pendiente jejej.

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    1. jajajaja tienes toda la razon! gracias por aparecer por aquí, wapa. Un besazo!!

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