Y lo repetiría una y mil veces más...

Asomadaalalocura
La mañana amaneció soleada pero según fue avanzando el día las nubes comenzaron a amontonarse sobre nuestras cabezas, era como si ninguna quisiera perderse el evento a pesar de no haber sido invitadas…

Recuerdo que estaba sentada en el patio de mi casa, haciendo tiempo hasta que llegara el momento de ponerme el vestido, con el rostro sencillamente maquillado y la cabeza bien repleta de horquillas y laca, “tranquila, que no va a llover” me decía mi primo Antonio, “novia mojada, novia afortunada” repetía una y otra vez mi tía Carmen para aplacar el  nudo que crecía sin parar en mi estómago…

Nunca me hizo especial ilusión casarme pero al ver el brillo en los ojos de mis padres cuando me vieron salir de la habitación vestida de blanco, supe que había merecido la pena tomar aquella decisión…

Los quince minutos en coche que separaban mi casa del restaurante donde también se oficiaría la boda me los pasé implorando “que salga todo bien, por favor, que salga todo bien”. Imagínate mi cara cuando de camino al altar escucho como la música comienza a trompicones… “Espera, espera” gritaba el encargado del equipo y ahí me quedé, a 50 metros, agarrada del brazo de mi padre lanzando besos a diestro y siniestro…

Él estaba allí, subido en el altillo, sin perder detalle, engalanado con un traje oscuro, simplemente deslumbrante… Por fin se solucionó todo y al ritmo de “dulce introducción al caos” de Extremoduro pude librar la distancia que nos separaba, esa que nunca más volverá a separarnos…

Las voces temblaban en los discursos, incluso soltamos alguna que otra lágrima, más bien cientos, es lo que tiene que tu primo y uno de tus mejores amigos oficien la boda y que para colmo tu amiga de toda la vida se empeñe en quitarte el maquillaje a golpe de lágrima con una emotiva carta…

Corrí, reí, bailé e incluso me caí, me tiré una copa de vino encima por ir a abrazar a mi familia, me desgañité la voz por cantar a gritos “rojitas las orejas” en el corte de la tarta y desobedecí mil veces la orden de “por favor no se levanten de la mesa” del encargado del restaurante. “Lo siento chato, pero este es mi día y la voy a liar parda…” decía el diablillo en mi cabeza mientras mi rostro angelical asentía a sus palabras…

“Es la novia que más he visto disfrutar el día su boda” le decía una amiga a mi madre y eso que no me vio moviendo las caderas a ritmo de reguetón subida en el techo de una C15, porque como no puede ser de otra manera cuando vives en la periferia, las buenas fiestas acaban de botellón en un polígono sí o sí…

Reunimos a todos nuestros seres queridos para recordarles a voz en grito todo lo que nos queríamos, y queremos, y valla si gritamos y hasta bien tarde o temprano según se mire, y si no que se lo pregunten a la recepcionista del hotel cuando vio aparecer por la puerta, cerca de las 10 de la mañana, a un par de novios bien llenitos de polvo y hediendo a alcohol, a duras penas articulando la frase: “Nos dá la llave de la suite nupcial…”

 Por eso, varios años después, cuando me preguntan extrañados “¿estas casada?” sigo respondiendo:
“Si, y lo repetiría una y mil veces más…”

Para quien quiera saber cómo empezó todo que pinche aquí y para quien no conozca al responsable de mis sonrisas, se lo presento aquí… 

Comentarios

  1. Jajajajajajaja, tu boda tiene que haber sido un show, pero perfecto, transmitiendo tu felicidad :D
    Yo sin embargo si me caso, quiero algo tranquilito!!! xDD
    Un beso, a disfrutarlo!

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    Respuestas
    1. Ves como no todo es triste!! jajajaj cada uno debe de hacer su boda perfecta a su manera, la mia lo fue a la mia, por eso me encanta recordarla!
      Un besazo wapa, y gracias!

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